Testimonio de conversión: El mensaje de la Virgen de Fátima y un milagro

Sep 11, 2023 | TESTIMONIOS CATÓLICOS

Almudena nació en Málaga y se fue a estudiar la carrera de ADE. Es madre de dos hijos que nacieron en Chile cuando a su marido le salió una oferta laboral que no pudo rechazar. Viene de una familia de tradición católica pero no de arraigo en la fe como la fe que ahora reconoce que está viviendo. 

Almudena estudió en un colegio de monjas, fue en el colegio en lugar dónde reconoce aprendió a creer, a confiar en Dios y en la Virgen pero nada arraigado ni vivido. Lo que está viviendo ahora es algo que le resulta muy novedoso porque esa vivencia que le faltó de pequeña la ha encarnado. La Virgen siempre ha estado muy presente en su vida, más por su marido que por ella, sobre todo al principio. Ahora siente que ella también tiene su propia historia con la Virgen.

Hace un año recuerda que se levantaba cada mañana con la sensación de que había soñado con la Virgen de Fátima. “Si yo no tengo nada que ver con ella. No la conocía. No entendía ese tipo de sueños”, explica. Años antes explica cómo estaba en un momento de su vida de poco sentido, Almudena no tenía ilusión ni por las alegrías propias ni por las ajenas. “No tenía nada de paciencia, tenía un carácter muy estricto, tenía una forma de ser que no era yo”, cuenta.

Y es que Almudena no conocía nada acerca de la Virgen de Fátima. Era una situación muy extraña. Tenía que darle una explicación. Sus hijos van al cole y con una madre del colegio pierde la vergüenza y se lo cuenta. Estaba claro que la Virgen le estaba llamando pero no lo sabía en ese momento. Su amiga y la familia siempre tuvieron una relación muy bonita con la Virgen de Fátima y cuando le comentó esta situación al momento la invitó a ir a este santuario desconocido para ella. “Tenía que ir a verla, no sabía que necesitaba de mí ni yo de ella”.

Llegaron a Fátima y estaba todo cerrado. Ese primer recuerdo que no se le olvidará, en la explanada entraron por la Basílica de la Santísima Trinidad. “Veo eso tan grande y me choca. Vi ese edificio de madera tan simple de madera y la veo a ella tan pequeña con esa luz. Noté que me decía que fuera, que quería hablar conmigo”, sostiene. Para Almudena lo recuerda como una sensación extraña. 

“Lo único que le decía a ella todo el fin de semana es que le dijera qué quería de ella. Iba con un problema en el hombro, no le pedía que me quitara la calcificación sino que me aliviara los dolores”. Antes de que llegara la Virgen a ella, hay que recordar que Almudena siempre antes de irse a dormir tenía la costumbre de rezar y de agradecer. Era algo que le daba paz. “Eso en mí ya estaba arraigado, el hablar con Dios y con la Virgen. Ya estaba abierta a la oración, a que si aparece a mí no dude ni reniegue”. Tenía un corazón abierto.

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