Lilí Álvarez de pionera del tenis a escritora y líder católica
09/05/2022

Hay historias que son inspiración por sí solas. Es el caso de Lilí Álvarez, una de las mejores deportistas de la España de principios del siglo XX. Cuando terminó su carrera, se volcó de lleno en la defensa de las mujeres y del catolicismo.

Lilí Álvarez creció como una niña alegre que pronto demostró una especial pasión por los deportes. Con cinco años empezó a practicar patinaje sobre hielo, disciplina que, a pesar de no ser mucho de su agrado, perfeccionó y le reportó incluso una medalla de oro.

También era una gran aficionada al esquí, deporte que practicó en las nevadas montañas alpinas. La equitación, el golf o incluso el billar, que aprendió subida a una silla, fueron otros de los deportes que no se le resistieron a la pequeña Lilí. Pero el que la atrapó desde pequeña fue sin duda el tenis. Sus entrenamientos empezaron en Lausana, en 1917. Solamente dos años después, ganaba su primer campeonato. A sus dieciséis años ya empezaba a ser conocida en el mundo del tenis como la «niña prodigio», pues acumulaba un éxito tras otro. 

En 1924, junto a Rosa Torras, se convertía en una de las primeras representantes españolas en unas olimpíadas, en las de París. Ese mismo año, Lilí se trasladaba a España para participar en el Campeonato de Cataluña de automovilismo. Dos años después desembarcó en Inglaterra donde participó durante varios años en torneos tan prestigiosos como el de Wimbledon, en el que llegó a la final en tres ocasiones. Cuando alcanzó en segundo puesto en el ranking mundial, todos empezaron a llamarla cariñosamente «La Señorita».

Conocida internacionalmente, Lilí Álvarez conquistó de nuevo París, ganando el campeonato de dobles en Roland Garrós en 1929 y el Campeonato de Argentina en 1930. Tras la Guerra Civil española, instalada definitivamente en Madrid, compitió en 1940 en el Campeonato de España.  Un año después cambiaba la raqueta por los esquíes y participaba en los Campeonatos Nacionales de Candanchú. En aquel momento ya demostró que era muy sensible a las injusticias contra las mujeres y no dudó en enfrentarse a las autoridades, acusando a los organizadores de dar un trato privilegiado a los hombres y discriminatorio a las mujeres. 

También fue una destacada cronista para el Daily Mail, periódico en el que relató la llegada de la república en España y el estallido de la guerra civil. Su otra gran faceta que centraría la última etapa de su vida fue la de escritora y activa defensora de los derechos de las mujeres durante el franquismo. Las principales obras escritas por Lilí Álvarez se centran en una profunda reflexión filosófica sobre el papel de la religión en la sociedad.

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