Impresionante testimonio de conversión del padre Bladimir en la Cuba comunista
09/04/2022

El padre Bladimir es cubano y ahora en Madrid acaba de estudiar Teología Moral en San Dámaso. Considera que ha sido rescatado por Dios y cuidado. Además le ha hecho sacerdote en medio de un pueblo donde ha habido un ateísmo durante más de 60 años. 

Nacido de una familia atea, es el único hijo y conoció la fe cuando solo tenía 9 años. “Unos niños que se mudaron al barrio en un pueblo muy pequeño me dijeron de ir a la Iglesia porque había una obra de teatro, accedí a ir a esta obra de teatro y fue el instrumento que Dios utilizó en ese momento para que yo me acercara por primera vez a la Iglesia”, explica el padre.

Desde ese momento nunca más se fue de la iglesia, Dios ahí lo rescató. Ahí comenzó un camino muy bonito en una comunidad muy pequeña que lo acogió. “Yo no podía decir en mi casa que estaba yendo a la iglesia, empecé el catecismo, iba escondido y yo recuerdo que de pequeño le preguntaba a mi abuela que por qué había un cuadro del Sagrado Corazón de Jesús que estaba oculto detrás de un armario, ella me respondía que algún día entendería por qué estaba escondido”, relata.

Era la década de los años 60 cuando en Cuba triunfa la revolución, Fidel Castro expulsa a los sacerdotes y a los religiosos, se intervienen muchos conventos, muchas parroquias. “Ha sido terrible como se ha influenciado mucho la ideología marxista para quitar a Dios del camino y el corazón del pueblo cubano y por eso también se quitaba de las casas los cuadros del Sagrado Corazón de Jesús para sustituirla por una imagen del dictador”, explica.

Todas estas experiencias el padre Bladimir las vivió de muy niño por eso él no podía hablar de religión en casa. Por miedo también a su padre que pertenecía al partido comunista y su madre que en ese momento también era atea. “Ahí comenzó mi camino de fe, me bauticé escondido en mi parroquia, me acompañó muchísimo mi madrina y me acompañó muchísimo mi padrino y esa pequeña comunidad me acogió, me preparó en la fe”, resalta. En su casa, por supuesto, no sabían nada. 

“Al principio fue como con los inicios del cristianismo de catacumba, escondidos”, asegura. De esta forma, le tocó vivir la fe en un país comunista siendo heroico y audaz el poder realizarlo. “Siempre recordaba la frase que mi catequista me decía de pequeño y era: Nunca reniegues de Jesús”. 

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